La web de un gimnasio tiene un solo trabajo, y no es lucir las máquinas. Es conseguir que alguien que nunca ha cruzado tu puerta reserve una primera visita, y que eso le parezca seguro a una persona a la que le da un poco de reparo entrar.
Las webs de los estudios suelen fallar en ese trabajo en los mismos tres sitios: el horario no se puede leer en el móvil, el precio está escondido y no hay ninguna página que le cuente a un principiante cómo será su primera visita. Esto es lo que hay que arreglar, por orden de importancia.
¿Quién está mirando la página de verdad?
No son tus socios. Ellos tienen tu app, tu Instagram y la recepción. No leen tu web.
Quien está en la página es alguien que ha decidido empezar, o volver a empezar, y está comprobando si tu sitio es el bueno. Se hace las preguntas que la gente no dice en voz alta: ¿seré el que está en peor forma de la sala?, ¿tengo que saber ya qué significan los nombres de las clases?, ¿cuánto me va a costar?, ¿y qué pasa si lo odio después de la primera vez?
Septiembre trae de vuelta a esa gente, porque las rutinas vuelven con el curso escolar. Si tu web sigue enseñando el horario de verano, es lo primero que van a ver.
¿Qué tiene que decir la primera pantalla?
Tres cosas, en el móvil, sin hacer scroll.
Qué tipo de entrenamiento es, en palabras normales. «Fuerza y acondicionamiento» es una categoría. «Clases de fuerza en grupos pequeños para adultos que empiezan de cero» es una respuesta. Si tienes varios programas, pon arriba el que quieres llenar, no todos a la vez.
Dónde estás. El barrio o la ciudad, y una calle de referencia si aparcar es un problema. La gente filtra por distancia antes que por cualquier otra cosa, y un estudio sin dirección en la primera pantalla parece uno que podría estar en la otra punta de la ciudad.
Lo único que hay que hacer después. Normalmente una primera clase, una semana de prueba o una sesión de iniciación, con un solo botón que lleva directo a reservarla. No «Hazte socio», que pide un compromiso antes de la visita. No «Saber más». La oferta que publicas en Instagram también va aquí, porque quien te ha encontrado en Google nunca vio esa publicación.
¿Por qué el horario suele ser la página rota?
Porque se hizo para el dueño, no para un desconocido.
El horario es la segunda página que abre quien llega nuevo, y falla de formas previsibles. Es una imagen o un PDF exportado de una hoja de cálculo, así que en el móvil es una cuadrícula de letra diminuta que hay que ampliar con los dedos. O es el widget de tu programa de reservas, incrustado en la página, que pide crear una cuenta antes de enseñar una sola hora de clase. O es un horario en texto que era correcto en junio.
Un horario que funciona es texto, un día cada vez, legible en el móvil, con el nombre de la clase, la hora, quién la da y una línea sobre para quién es. Enseña lo que hay mañana sin pedir que inicies sesión. Permite reservar desde la propia fila. Y lo cambia quien cambia el horario, el mismo día que cambia, lo que significa que tu equipo tiene que poder editarlo sin un diseñador. Qué hace falta para eso lo explico en ¿puedes actualizar tu web tú mismo?.
El programa de reservas que ya usas, sea Mindbody, Glofox, Wodify u otro, normalmente puede pasar el horario a la página para que no lo mantengas dos veces. Incrustar el widget entero o solo el horario con un enlace para reservar es la misma decisión que con cualquier otro sistema de reservas, y los pros y los contras están en reservas online en tu web.
¿Deberías enseñar las cuotas?
Sí.
Los dueños esconden los precios porque quieren hablar primero. El visitante lo sabe, y una web sin precios da a entender que el precio será alto, o negociable, o que va atado a un contrato que no ha visto. Se va a la pestaña que sí enseña una cifra.
Pon las modalidades de cuota en una sola página, con el precio mensual, qué incluye, si hay matrícula, si hay permanencia y cómo darse de baja. Si el entrenamiento personal se cobra por persona, explica cómo, y cómo es un bono típico. Si hay tarifa de estudiante o familiar, ponla. En ¿deberías poner precios en tu web? explico por qué esto funciona incluso cuando parece que no.
¿Qué necesita una página de «primera visita»?
Es la página que suele faltar, y es la que convence al visitante nervioso.
Una página, escrita para alguien que nunca ha entrado. Qué ropa llevar. Qué traer. Dónde aparcar y por qué puerta entrar. Quién le va a recibir y qué pasa en los primeros diez minutos. Si estará en una clase con habituales o en una sesión de iniciación con otros principiantes. Si puede ver una clase antes de apuntarse. Cuánto cuesta, si cuesta algo, y qué pasa después, sin rodeos: sin presión, sin compromiso, y así reservas una segunda visita si te ha gustado.
Escríbela como lo explica la recepción por teléfono, porque esa es la conversación que la página sustituye. Enlázala desde la primera pantalla y desde el horario.
¿Y las fotos?
Gente real, en mitad de una clase, en tu espacio de verdad.
Una web de gimnasio con fotos de racks vacíos y una sala impecable pero desierta responde a una pregunta que nadie ha hecho. El visitante quiere saber cómo es la sala con gente dentro, y si esa gente se parece a alguien a cuyo lado podría ponerse. Una foto hecha con el móvil en una clase real de un martes gana a una imagen de banco de un atleta que nunca ha pisado tu ciudad, y el resto de lo que conviene fotografiar está en qué fotos necesita tu web.
Una cosa que te toca decidir a ti, no a un diseñador: pide permiso a los socios antes de que su cara salga en la web, y guarda constancia de quién ha dicho que sí. La web debería estar hecha para poder cambiar una foto el mismo día que alguien retira su permiso.
¿Qué hace perder la inscripción sin que lo notes?
Cosas pequeñas, y todas se pueden arreglar esta semana.
- Nombres de clases escritos para los de dentro. «WOD», «AMRAP» o «Vinyasa nivel 2» no significan nada para un principiante. Mantén el nombre si tus socios lo usan y pon debajo una línea en lenguaje normal.
- Reservas que piden una cuenta primero. Cada paso antes de que el visitante vea una hora es un sitio donde perderlo. Enseña el horario abierto y pide los datos en el momento de reservar.
- Horarios que no coinciden con Google. Si tu Perfil de Empresa de Google dice que abres a las seis y la web dice a las siete, las dos cosas pasan a ser sospechosas. Cambia los dos el mismo día.
- Un formulario de contacto que nadie contesta. Pruébalo cada mes desde una dirección de fuera. Ahí llegan las preguntas del tipo «¿tenéis clases para alguien con la rodilla mal?», y una sin respuesta es un socio perdido. Si a ti te escriben más por WhatsApp, lo mismo vale para WhatsApp.
¿Un gimnasio necesita una app en lugar de una web?
Para los socios, puede. Para los desconocidos, no.
La app que te da tu programa de reservas es para quien ya se ha apuntado. No ayuda a quien todavía no ha decidido, porque nadie instala una app para mirar un horario. La web es para la persona que está fuera de la puerta y la app es para la que está dentro, y el reparto lo explico en ¿necesitas una app o una web?.
¿Cuánto cuesta la web de un gimnasio?
Lo que cuesta una web depende de lo que lleva dentro, y mis precios están en la página de precios. Un estudio con un solo programa, un horario, una página de cuotas, una página de primera visita y un enlace para reservar está en la parte baja. Un gimnasio con varios centros, varios programas, páginas de los entrenadores, la web en dos idiomas y una integración de reservas que alimenta el horario está en la parte alta. Qué entra en cada caso lo explico en páginas web.
Hay dos cosas que mueven la cifra más que el diseño. Cuántos programas tienen página propia, porque cada una es un texto de verdad. Y cómo se mantiene al día el horario, porque un horario que tiene que pasar por un diseñador para cambiar es un horario que dejará de cambiarse.
La prueba para hacer hoy
Abre una ventana de incógnito en el móvil. Busca el tipo de entrenamiento del que quieres más alumnos junto con tu ciudad, por ejemplo «pilates Málaga». No busques el nombre de tu gimnasio.
Encuéntrate en los resultados, si estás. Entra como lo haría un desconocido. Luego cronometra cuánto tardas en responder tres preguntas: qué hay mañana por la mañana, cuánto cuesta un mes y cómo reservo una primera visita. Si cualquiera de las tres te lleva más de unos treinta segundos, o te pide crear una cuenta primero, ahí está el trabajo, y casi siempre es el horario y los textos, no un rediseño.
Si quieres que alguien mire tu web con otros ojos, escríbeme y el mismo día laborable te digo qué arreglaría primero, con un precio cerrado y una fecha.
