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¿Tu negocio necesita de verdad un blog?

Seguramente no un blog, sino cuatro o cinco páginas que respondan lo que tus clientes preguntan antes de llamarte. Así sabes qué necesita tu negocio.

· 6 min de lectura

¿Tu negocio necesita de verdad un blog?

Seguramente no el blog que te estás imaginando. Lo que suele necesitar un negocio pequeño son cuatro o cinco páginas que respondan a lo que la gente pregunta antes de contratarte, colocadas en el menú principal, donde un cliente las encuentra.

Eso no es un blog. Es más pequeño, no hay que alimentarlo cada semana y, cuando está hecho, está hecho.

¿Por qué todo el mundo te dice que abras uno?

Porque «ponte un blog» es un consejo barato. A quien lo da no le cuesta nada, suena a avance y en una reunión nadie lo puede rebatir. Nadie tiene que decir sobre qué escribirías, quién lo escribiría ni qué pasa al cuarto mes, cuando vayas a tope de trabajo.

También se cuela en los presupuestos de webs porque un blog es fácil de montar. Añadir la sección le lleva muy poco a un programador. Llenarla te lleva a ti el resto de tu vida.

¿Para qué sirve un blog en realidad?

Un blog es un hábito de publicar, no una función de la web. Funciona cuando hay algo nuevo que contar cada cierto tiempo y una persona cuyo trabajo incluye contarlo. Quita cualquiera de las dos mitades y te queda una página llamada Noticias con tres entradas de hace dos años.

La pregunta no es si un blog puede funcionar. Es si funciona en un negocio con tu ciclo de venta, tu agenda y tu equipo. Son preguntas distintas, y solo la segunda va sobre ti.

¿Qué deberías hacer en su lugar?

Páginas de respuesta. Coge las preguntas que te hacen antes de que alguien se decida y dale a cada una su propia página, con su propia dirección.

A una empresa de reformas le preguntan cuánto cuesta reformar un baño en su ciudad, cuánto dura la obra y si tiene seguro. A una clínica le preguntan qué hay que llevar a la primera visita y si trabaja con su mutua. A un mayorista le preguntan cómo abrir una cuenta, cuál es el pedido mínimo y qué plazo de entrega tiene en una semana normal.

Eso no son entradas de blog. Son páginas de tu web. Siguen siendo ciertas durante años, van en el menú y no en un archivo por fechas, y son lo que alguien quiere tener abierto en una pestaña justo cuando decide a quién llamar.

Si no tienes claro cuántas páginas suma todo eso, la cuenta está hecha en cuántas páginas necesita tu web.

¿De dónde salen las preguntas?

De tu correo. De tu teléfono y de tu WhatsApp. De los presupuestos que mandas y de los que se quedan sin respuesta.

Apunta todas las preguntas que has contestado en el último mes, antes de abrir ninguna herramienta de palabras clave. Las que contestaste más de dos veces son tus páginas. La que ya estás harto de contestar es la primera.

Además es el contenido más barato que vas a producir nunca, porque las respuestas ya te las sabes. No estás investigando un tema. Estás poniendo por escrito lo que dices todo el día, que es un trabajo distinto y mucho más rápido. Quién lo escribe, y qué pasa cuando se lo encargas a alguien que nunca ha hecho tu trabajo, lo cuento en quién escribe los textos de tu web.

¿Algo de esto ayuda a que te encuentren?

En parte, y de una manera concreta. La gente busca con preguntas. Una página que responde con claridad a una pregunta, y que trata de verdad de esa pregunta, la puede encontrar quien la escribe en Google. Una entrada enterrada bajo seis más nuevas es más difícil de encontrar y de enlazar.

Nadie te puede prometer una posición, y ten cuidado con quien lo haga. Lo que sí controlas es que la página exista, que se llegue a ella desde tu propio menú y que diga algo que la página de tu competencia no dice.

Si tu problema es que en tu propia ciudad no te encuentra nadie, un blog es directamente la herramienta equivocada. Eso es un trabajo de visibilidad local: un Perfil de Empresa de Google completo, el mismo nombre, dirección y teléfono en todas partes y una página por cada localidad donde trabajas.

¿Cuándo es un blog lo que de verdad toca?

Tres condiciones, y conviene que se cumplan al menos dos.

Tus clientes investigan durante semanas. Si la gente compara, lee y vuelve antes de gastar, hay sitio para que un conjunto de textos trabaje mientras duermes. Si llaman al primer fontanero que coge el teléfono, no lo hay.

Alguien va a escribir de verdad. No «ya sacaremos tiempo». Una persona con nombre, un hueco fijo en la semana y la paciencia de publicar algo imperfecto. Si esa persona eres tú y te pasas el día en una obra, sé sincero ahora y no en noviembre.

Tu sector cambia. Normas, precios, productos, temporadas. Si algo cambia de verdad lo bastante a menudo como para escribir sobre ello, el calendario se alimenta solo. Si no cambia nada, te quedarás sin cosas que decir y empezarás a escribir relleno, que es peor que el silencio.

Tú tienes un blog. ¿Por qué me dices que no lo tenga?

Pregunta justa. Yo publico porque quien me lee está decidiendo ahora mismo sobre una web y, mientras decide, busca con preguntas. Y porque escribir forma parte de mi trabajo, no es tiempo que le quito.

Tu caso seguramente no es ese. Si tu día va de calderas, caries o cocinas, una hora escribiendo es una hora menos de trabajo. Esa hora es un coste real y tiene que entrar en la decisión. Un consejo que la ignora viene de alguien que no la paga.

¿Cuánto te cuesta un blog abandonado?

Más de lo que te costaría no tener ninguno.

Quien entra en Noticias y ve que la última entrada es de 2023 aprende algo sobre lo atento que estás a tu propio negocio. Es una señal pequeña y apunta en la dirección equivocada, en una página que pagaste por montar.

Si ahora tienes uno así, tienes dos opciones razonables. Coge las entradas que siguen siendo ciertas, conviértelas en páginas de verdad dentro del menú y retira el resto. O quita la sección y dedica el espacio a las páginas que la gente sí abre. Ninguna de las dos es rehacer la web, y las dos entran en la misma categoría que los pequeños arreglos de rehacer la web o arreglar la que tienes.

¿Y si aun así quieres uno?

Entonces llévalo de forma que sobreviva a un mes de mucho trabajo.

Mejor una vez al mes que cada semana, porque un calendario que cumples vale más que uno que anuncias. Una pregunta por entrada, respondida como la responderías por teléfono. Cuando una entrada resulte ser de las que la gente no para de encontrar, sácala del archivo y súbela al menú como página de verdad.

Y júzgalo por las consultas que te llegan, no por el número de entradas. Publicar es fácil de medir y deja buena sensación, y justo por eso es una mala medida. Qué mirar en su lugar está en cómo saber si tu web funciona.

¿Cuánto cuesta montarlo?

Añadir páginas a una web que ya funciona son horas, no un proyecto. Montarlo casi nunca es lo caro. Lo caro es escribirlo.

Si el problema es la web entera, el precio depende sobre todo de cuántas páginas tiene, de si es una tienda y de en cuántos idiomas sale. Las cifras están en la página de precios. Una sección de blog es una línea pequeña dentro de eso. Lo que cuesta es escribir mes tras mes, y eso conviene decidirlo antes de aceptarlo.

Si quieres añadir las páginas que le faltan a tu web, o rehacerla entera, escríbeme. Te contesto el mismo día laborable con un precio cerrado y una fecha.