Casi todos los negocios pequeños necesitan entre cinco y doce páginas. Por debajo de cinco suele faltar algo que el cliente necesita saber antes de llamarte, y muy por encima de doce sueles estar pagando por hacer y mantener páginas que nadie lee.
Ese margen no es una regla. Sale de una pregunta más sencilla: ¿cuántas decisiones distintas tiene que tomar alguien antes de ponerse en contacto contigo? Cada una de ellas se gana una página. Nada más se la gana.
¿Qué páginas necesita casi cualquier negocio?
Cinco, y cada una hace un trabajo distinto.
Inicio. Dice qué haces, para quién, dónde y qué hacer a continuación. No es un índice.
Una página por cada cosa que vendes. Aquí está el dinero, y es la página que falta en casi todas las webs.
La página de presentación, el clásico «Quiénes somos». La gente de tu zona la lee más de lo que crees, sobre todo en oficios, clínicas y cualquier servicio que se hace dentro de su casa.
Contacto. Teléfono, WhatsApp, correo, formulario, horario y zona en la que trabajas. Una sola página, sin tener que buscar.
Algo que lo demuestre. Trabajos terminados, fotos de antes y después, reseñas, proyectos explicados. Lo que en tu oficio sirva de prueba.
Las páginas legales quedan fuera de esa cuenta. El aviso legal que pide la LSSI-CE, la política de privacidad y, si usas cookies que no son técnicas, la de cookies son necesarias, nadie las lee y su sitio es un rincón discreto del pie de página.
¿Cuándo una página de servicio se convierte en cuatro?
Cuando el cliente de cada servicio es una persona distinta, o el precio juega en otra liga.
Un electricista que cambia cuadros eléctricos e instala puntos de recarga para coche eléctrico tiene dos públicos con dos preocupaciones distintas, dos listas de preguntas y dos búsquedas diferentes en Google. Son dos páginas.
Una clínica que ofrece fisioterapia, masaje y acupuntura tiene tres, porque quien busca un masaje no debería tener que leerse tu formación en fisioterapia para saber si trabajas con su mutua.
Una panadería que vende pan de masa madre, pan de centeno y focaccia no necesita tres páginas. Mismo cliente, misma decisión, una sola carta.
La prueba es si escribirías frases de verdad distintas en cada página. Si la segunda es la primera con los sustantivos cambiados, es una sola página.
Este es también el motivo principal por el que dos presupuestos para «una web» llegan tan separados. En cómo comparar tres presupuestos te explico cómo ponerlos en igualdad de condiciones antes de firmar.
¿Necesitas una página por cada pueblo en el que trabajas?
Solo para los sitios donde de verdad trabajas de otra manera, y solo si puedes escribir algo real sobre cada uno.
Aquí es donde se disparan las páginas. A una empresa de reformas que trabaja en toda el área metropolitana de Barcelona le dicen que necesita treinta páginas, una por municipio, y salen publicadas treinta páginas casi iguales con el nombre del pueblo cambiado en el título.
La política contra el spam de Google nombra ese patrón directamente. Entre los abusos de páginas puerta (doorway, en inglés) incluye tener varios dominios o páginas dirigidos a regiones o ciudades concretas que acaban llevando al usuario a una misma página, y crear páginas muy parecidas entre sí que se acercan más a unos resultados de búsqueda que a una estructura clara y navegable (Google Search Central, políticas de spam de la Búsqueda web de Google). Muy parecidas es justo lo que producen las treinta páginas por municipio.
Tres o cuatro páginas de zona distintas de verdad ganan a treinta hechas con plantilla. Distintas quiere decir distintas: los barrios que cubres de verdad, trabajos que has hecho allí, el ayuntamiento con el que tramitas las licencias de obra, lo que cobras por desplazamiento, el tiempo de respuesta. Si no puedes poner nada en la página de Sabadell que fuera falso en la de Terrassa, no la publiques.
Para aparecer en las búsquedas locales, el número de páginas casi nunca es lo que más pesa. Empieza por tener tu Perfil de Empresa de Google completo y al día.
¿Y un blog?
Cero es una respuesta perfectamente válida.
Un blog es un compromiso, no una sección. Uno vacío, con tres artículos de hace dos años, es peor que no tenerlo, porque es una prueba con fecha de que lo dejaste. Si no vas a publicar algo cada mes o cada dos meses durante al menos un año, sáltatelo y dedica ese esfuerzo a tus páginas de servicio.
Si quieres uno, la versión honesta es un artículo por cada pregunta real que te hacen los clientes por teléfono. Ya sabes cuáles son, y eso lo convierte en un plan que puedes mantener. Quién los escribe es la siguiente decisión, y es la que acaba en silencio con casi todos los blogs: quién escribe los textos de tu web.
¿Por qué el número de páginas cambia tanto el precio?
Porque una página no es una plantilla a la que se le cambian las palabras.
Cada página necesita un propósito, sus propios textos, sus propias fotos, decisiones de diseño allí donde el bloque estándar no encaja, enlaces internos, un meta title y una meta description, y su versión en catalán o en inglés si la web tiene varios idiomas. Después alguien tiene que revisarla, y alguien tiene que mantenerla al día a medida que cambia el negocio.
Lo que cuesta una web depende de lo que lleva dentro. Lo que entra en cada encargo lo tienes en páginas web, y lo que mueve el precio, en la página de precios.
El coste recurrente importa igual. Doce páginas honestas son baratas de mantener al día. Cuarenta páginas, la mitad casi duplicadas, son una factura de mantenimiento que vas a aborrecer antes de un año. Lo que cuesta una web año tras año, y no solo el primero, lo tienes en cuánto cuesta una web al año.
¿Qué páginas puedes quitar?
Empieza por estas:
- Una página de «Servicios» que solo enumera enlaces a las páginas de servicio de verdad. Si no vende nada por sí misma, es navegación, no una página.
- Las páginas de preguntas frecuentes. Esas preguntas van en la página donde el lector se las hace, no amontonadas al final de la web.
- Una página de bienvenida delante de la portada. Existe solo para que alguien haga clic y pase.
- Cualquier página de menos de cien palabras, salvo que sea un texto legal.
- Una página de equipo cuando el equipo eres tú. Ponlo en la página de presentación.
Quitar una página casi nunca significa borrar la información. Lo normal es mover tres párrafos a la página donde ayudan a alguien a decidir, y luego redirigir la dirección antigua para que no se rompa nada y no muera ningún enlace.
Por dónde empezar esta semana
Apunta todo lo que vendes, una línea por cosa. Después apunta cada pregunta que te hace un cliente antes de contratarte. Esas dos listas se parecen bastante a tu lista de páginas, y si en la segunda hay una respuesta que no está en ninguna parte de tu web actual, esa es la primera página que hay que hacer.
Si quieres que alguien mire tu web desde fuera, escríbeme y el mismo día laborable te digo qué arreglaría primero, con un precio cerrado y una fecha.
