Antes de pedir presupuesto a nadie, ten cuatro cosas listas: el acceso a tu dominio, una frase clara sobre qué vendes y a quién, las fotos y los textos que ya tienes, y una lista corta de lo que la web tiene que hacer. Con eso, el precio cerrado y la fecha de publicación se fijan el primer día y se cumplen, porque no queda nada por descubrir a mitad de camino.
La mayoría de las webs que se retrasan no se retrasan por el código. Se quedan paradas mientras alguien espera una contraseña, una foto o una decisión. Prefiero decirte ahora lo que te voy a pedir, para que lo reúnas en una tarde, que mandarte la lista a las tres semanas.
¿Por qué prepararlo cambia el precio y la fecha?
Porque un precio cerrado es una promesa sobre una cantidad de trabajo conocida.
Cuando hago un presupuesto, cuento páginas, funciones y contenido. Si el contenido está listo, la cuenta es real. Si no, el presupuesto tiene que cubrir suposiciones: habrá que escribir los textos, habrá que hacer las fotos, la tienda tendrá veinte productos o doscientos. Las suposiciones o suben el precio, por si acaso, o vuelven más tarde como «eso no entraba».
Con la fecha pasa lo mismo. Una fecha de publicación da por hecho que el material llega cuando el trabajo lo necesita. En cuánto se tarda en hacer una web explico dónde se van de verdad las semanas, y la mayoría de las lentas se pasan esperando.
¿Sabes dónde está tu dominio y quién puede entrar?
Es lo primero que hay que mirar, y lo que más a menudo bloquea una publicación.
Tu dominio es la dirección, como tunegocio.es. Alguien lo registró en su día en un registrador, y esa cuenta tiene un usuario y una contraseña. Averigua:
- En qué empresa está registrado. Los correos de renovación en tu bandeja de entrada te lo dicen, o una consulta en la web del registrador.
- A nombre de quién está la cuenta. Si está a nombre de un antiguo diseñador, de un sobrino o de una agencia con la que ya no trabajas, arréglalo ahora. A veces el que lo sabe es tu gestor, porque paga la renovación.
- Si puedes entrar tú. No «alguien puede», sino tú, hoy.
Si tu correo funciona con el mismo dominio, importa todavía más. Apuntar el dominio a una web nueva toca los mismos ajustes que entregan tu correo, y hay que tocarlos con cuidado. Yo reviso los ajustes del correo antes de mover nada, pero solo puedo hacerlo cuando los veo.
Si no tienes claro de quién es cada cosa, en de quién es tu web repaso el dominio, el alojamiento y el código uno por uno.
¿Puedes decir qué vendes, y a quién, en una frase?
Pruébalo antes de la primera llamada. «Clínica dental familiar en el centro de Reus, sobre todo revisiones y limpiezas, con citas por la tarde.» «Tienda online de cerámica hecha a torno, con envío a toda España.»
Esa frase se convierte en la primera línea de tu página de inicio, en el título que enseña Google y en la prueba para cada decisión que viene después. Si necesitas tres frases, también sirve: suele querer decir que el negocio tiene dos públicos, y que la web quizá necesita una puerta clara para cada uno.
Añade dos listas cortas:
- Quiénes son tus mejores clientes. No datos demográficos, sino situaciones. «Gente que acaba de mudarse y busca dentista.» «Restaurantes que quieren platos que aguanten el lavavajillas.»
- Qué te preguntan antes de comprar. Las preguntas que contestas cada semana por teléfono o por WhatsApp son las que la web tendría que contestar, en el orden en que te las hacen.
¿Qué contenido tienes ya?
Júntalo en una carpeta, aunque esté desordenada. Prefiero ordenar una carpeta desordenada que esperar una perfecta.
- Tu logotipo, en el mejor archivo que encuentres. Si solo tienes una foto de una tarjeta de visita, dímelo.
- Fotos de tu local, tu trabajo, tu equipo y tus productos. Las reales ganan a las de banco de imágenes, aunque estén hechas con el móvil. En qué fotos necesita tu web tienes una lista de tomas.
- Los textos que ya existen: tu web actual, un folleto, la descripción de tu Perfil de Empresa de Google, la carta, la lista de servicios, la ficha de producto de tu proveedor.
- Reseñas que puedas usar con permiso, con el nombre del cliente tal como quiera que salga.
Luego decide quién escribe el resto. Puedes escribirlo tú, puedo escribirlo yo a partir de una conversación contigo, o podemos repartirlo. Cualquiera vale, pero hay que decidirlo antes del presupuesto, porque escribir es trabajo de verdad. En quién escribe los textos de tu web comparo las opciones.
¿Qué tiene que hacer la web?
No cómo tiene que verse. Qué tiene que hacer por ti.
Escribe una lista corta de lo que quieres que haga quien la visite: llamar, escribir por WhatsApp, reservar, pedir presupuesto, comprar, encontrar la dirección, leer la carta, descargar una lista de precios. Luego ordénala por importancia. La primera se lleva el botón principal en cada página. Las demás encuentran su sitio más abajo.
Para cada una, apunta la herramienta de la que depende, si hay alguna:
- Reservas: qué sistema de reservas usas ahora, o si necesitas uno.
- Pagos: para una tienda, con qué pasarela de pago tienes ya cuenta, si quieres ofrecer Bizum además de tarjeta, y cómo haces los envíos.
- Formularios: a qué buzón tienen que llegar los mensajes, y quién lo lee.
- Idiomas: cuáles, por ejemplo castellano y catalán, y quién revisará las traducciones.
Todo lo de esta lista que cambie después del presupuesto cambia el presupuesto, así que merece media hora honesta ahora. Cuántas páginas necesita tu web ayuda a convertir la lista en un plan de páginas.
¿Qué webs te gustan, y cuáles no?
Mándame dos o tres enlaces, con una línea sobre lo que te gusta de cada uno. «La carta se lee bien en el móvil.» «Me gusta que los precios estén a la vista.» «Demasiado movimiento, me mareé.»
No hace falta que sean de tu sector. No las voy a copiar. Me dicen más de tu gusto en cinco minutos que una conversación larga sobre colores. Una web que no te gusta sirve igual: marca el límite de lo que quieres.
¿Quién decide, y en cuánto tiempo?
Nombra a una persona que dé el visto bueno. Si los dos socios tienen que decir que sí, dímelo al principio y planificamos las revisiones con las dos agendas.
Y sé sincero con tu propio tiempo. Si la temporada alta empieza el mes que viene y no vas a mirar el correo en seis semanas, la fecha de publicación tiene que saberlo. Una fecha que ignora tu agenda no es una promesa, es un deseo.
¿Qué no tiene que preocuparte todavía?
Hay cosas que parecen deberes pero no te tocan a ti:
- El alojamiento. Si no tienes, lo contrato a tu nombre. Si ya tienes, te digo si vale la pena quedártelo.
- Las decisiones técnicas. Qué plataforma, qué herramientas, cómo se construye. Tú me dices qué tiene que hacer la web y yo te explico las opciones con palabras normales.
- Los ajustes para Google. Los títulos, las descripciones, las redirecciones desde tus páginas antiguas y lo que lee Google forman parte del trabajo, no son un proyecto aparte.
- Una idea de diseño cerrada. No necesitas un boceto. Necesitas saber qué vendes y quién te lo compra.
¿Qué pasa cuando me lo mandas?
Me mandas la carpeta, la frase y la lista. Leo tu web actual, si la tienes, y te devuelvo un precio cerrado, lo que incluye y una fecha de publicación, todo por escrito, antes de empezar a trabajar. Si algo de tu lista sube mucho el precio, te digo qué y por qué, para que decidas si entra en la primera versión.
Los rangos actuales están en la página de precios, y lo que incluye cada tipo de web está en páginas web. Si estás comparando ofertas de varias personas, en cómo comparar presupuestos de diseño web te enseño qué poner una al lado de otra.
La versión corta
Antes de pedir presupuesto, ten:
- el acceso al dominio, a tu nombre
- una frase sobre qué vendes y a quién
- una carpeta con tu logotipo, tus fotos y los textos que ya existen
- la lista de lo que la web tiene que hacer, por orden
- dos o tres webs que te gusten, con una línea sobre por qué
- el nombre de quien dice que sí, y las semanas en que no vas a estar
Es una tarde de trabajo, y es la diferencia entre una fecha que se cumple y una que se escapa.
Si lo tienes listo, o aunque sea a medias, mándame tu web o la carpeta, y tendrás un precio cerrado y una fecha de publicación el mismo día laborable.
