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Páginas web

¿Rehacer la web o arreglar la que tienes?

Arréglala si los fallos están en la superficie. Rehazla si lo que te frena es la estructura. Aquí tienes la prueba para saberlo y qué mueve el coste.

· 7 min de lectura

¿Rehacer la web o arreglar la que tienes?

Arréglala si la estructura de debajo está sana y los problemas están en la superficie. Rehazla si no puedes cambiar lo que hay que cambiar, o si cada arreglo tiene que dar un rodeo por culpa de una decisión que alguien tomó hace tres años.

Parece obvio hasta que el presupuesto lo tienes tú en la mano. Rehacer es lo primero que propone casi cualquiera que hace webs, porque es más fácil de presupuestar y más entretenido de construir. A veces es lo correcto. Muchas veces al dueño le venden una web nueva cuando lo que necesitaba eran dos días de trabajo.

¿Cómo sabes cuál de las dos necesitas?

Deja de mirar si la web parece anticuada y apunta qué falla de verdad.

No «se ve vieja». Cosas concretas. El teléfono está mal en tres páginas y no sé cambiarlo. El formulario de contacto no me llega. En el móvil tarda una eternidad en cargar. No puedo añadir un cuarto servicio sin pagar a alguien. Si alguien busca «fontanero Reus», no salimos.

Después reparte esa lista en dos montones: lo que está mal en la página y lo que está mal por debajo.

Lo que está mal en la página es contenido. Textos, fotos, precios, un botón que falta, una página que nunca se escribió. Lo que está mal por debajo es estructura. Qué páginas existen y cómo se relacionan, qué te deja editar, lo rápida que puede llegar a ser la web, si funciona en el móvil y si los buscadores pueden leerla.

Los problemas de superficie se arreglan. Los de estructura piden rehacer. Lo que confunde es que ninguna de las dos cosas tiene que ver con el aspecto. Una web puede verse tosca y tener una estructura sana. Y puede verse de lo más agradable y no tener arreglo.

¿Qué merece la pena arreglar?

Más de lo que reconocen la mayoría de los presupuestos.

Unos textos malos se arreglan. Si la portada no dice qué vendes ni dónde trabajas, eso es un trabajo de escritura, no de programación. La misma web con las palabras adecuadas funciona de otra manera, y es el cambio más barato que tienes a mano.

Las páginas que faltan casi siempre se arreglan. Si tienes cinco servicios y una sola página para todos, añadir cuatro páginas es trabajo sobre lo que ya tienes, no un motivo para empezar de cero.

La fontanería rota se arregla. Formularios que no llegan, una dirección equivocada en el pie de página, un enlace de reservas que lleva a una página muerta. Nada de eso pide una web nueva. Pide que alguien la abra y lo repare.

Las fotos se arreglan. Las fotos de stock con gente que no trabaja contigo se cambian en una tarde, en cuanto tienes fotos de tu propio trabajo.

La visibilidad local casi siempre se arregla. El mismo nombre, dirección y horario en todas partes, una página por cada localidad donde trabajas y un Perfil de Empresa de Google que coincida con la web. Ese trabajo va encima de casi cualquier plataforma.

¿Cuándo toca rehacerla de verdad?

Cuatro situaciones, y las cuatro son de estructura.

No puedes editar lo que necesitas editar. Si cambiar un precio es pedírselo a un programador, y siempre lo va a ser, ningún parche cambia eso. El coste no es ese cambio, es el año entero de cambios que no vas a hacer.

La plataforma ha desaparecido o está a punto. El constructor de webs cerró, la plantilla lleva años sin actualizarse, el plugin del que depende la web ya no lo mantiene nadie. No estás arreglando una web, la estás manteniendo con respiración asistida. Es la misma trampa que cuento en cómo salir de un constructor de webs.

No funciona en el móvil. No es que «se vea un poco apretada», es que no funciona: texto que hay que ampliar con dos dedos para leerlo, botones que no hay manera de pulsar, un menú que no se abre. Adaptar eso a una web hecha solo para ordenador suele costar más que hacerla bien la segunda vez.

El negocio cambió y la web no. Ahora vendes otra cosa, o a otra gente, o en un segundo idioma. Una web organizada en torno a lo que hacías en 2022 te va a llevar la contraria en cada página. La estructura sigue a lo que vendes, y si las dos cosas se han separado, editar textos no cierra la distancia.

Si ninguna de las cuatro te describe, desconfía de un presupuesto para rehacerla.

¿Una web lenta hay que rehacerla?

A veces, y conviene saber cuál es tu caso antes de gastar nada.

La lentitud tiene causas baratas y causas caras. Imágenes enormes sin comprimir, una pila de scripts de seguimiento, una página que carga fuentes que nadie usa: eso se arregla, y muchas veces es casi todo el problema. Un hosting lento también se arregla, y sale más barato de lo que la gente cree.

La causa cara es una web que tiene que hacer demasiado trabajo antes de que aparezca algo en pantalla. Un maquetador visual que apila efectos, una plantilla cargada de funciones que no usas, una web que se monta entera en el navegador en cada visita. Eso se puede recortar. Lo que no se suele poder es dejarla rápida.

El orden importa: medir, quitar las causas baratas y volver a medir. Si después de eso sigue lenta, la lentitud es de estructura y va al lado de rehacer. El diagnóstico completo está en por qué tu web va lenta.

¿Cuánto cuesta cada opción?

Lo bastante distinto como para que equivocarse salga caro en las dos direcciones.

Los arreglos son horas. Reescribir textos, páginas nuevas sobre una estructura que ya existe, reparar formularios, trabajo con imágenes, poner en orden la búsqueda local. Puedes pagarlos de uno en uno y parar cuando el problema está resuelto.

Rehacer es un proyecto. Lo que mueve el precio es cuántas páginas tiene la web, cuánto necesitas editar tú y si sale en un idioma o en dos, que aquí suele querer decir castellano y catalán, o castellano e inglés en la costa. Una tienda online o una web para vender a otras empresas es otro escalón. Las cifras están en la página de precios, y qué entra en una web, en webs.

El error que más cuesta es gastar dinero de web nueva en una web cuyo problema real era que nadie había escrito los textos. El segundo más caro es pasarte dos años haciendo pequeños arreglos a una web que nunca iba a funcionar, que sin hacer ruido acaba sumando más de lo que habría costado rehacerla.

¿Qué pasa con las posiciones que ya tienes en Google?

Esta es la pregunta que debería frenar una web nueva, no pararla.

Una web con tráfico real desde los buscadores tiene un valor que no se ve en su aspecto. Así es como un negocio pierde consultas durante meses sin entender por qué: rehaciendo la web sin trasladar ese valor. Cada URL que cambia necesita una redirección, los títulos y los encabezados tienen que sobrevivir a la mudanza, y el contenido que de verdad posicionaba tiene que seguir existiendo en la web nueva.

Nada de eso es motivo para quedarte con una web que no puedes usar. Es motivo para contratar a alguien que lo trate como parte del trabajo y no como un añadido de última hora. La lista de comprobación está en rediseñar la web sin perder posiciones.

Si la web no tiene tráfico que proteger, esta preocupación desaparece y la decisión se simplifica.

¿Hay una opción intermedia?

Sí, y casi nadie la ofrece, porque es más difícil de vender que una web nueva.

Mantener la estructura y cambiar la superficie. Textos nuevos, fotos nuevas, las páginas que faltan, la fontanería reparada y la velocidad mejorada allí donde sale barato hacerlo. En seis semanas sabes si el problema era la web, y lo sabes por una fracción del dinero.

Si las consultas mejoran, hiciste bien en arreglarla. Si no se mueve nada cuando la superficie ya está bien de verdad, ahora sabes que el problema es de estructura y pagas la web nueva con pruebas en vez de con una corazonada. En los dos casos tienes que poder ver la diferencia, y eso significa saber qué medir antes de empezar: cómo saber si tu web funciona.

La versión que hay que evitar es ir a la deriva. Un poco de trabajo cada pocos meses, sin medir y sin decidir, y tres años después has pagado una web nueva a plazos y sigues con la vieja.

Si no tienes claro de qué lado cae tu web, escríbeme con la dirección y lo que te falla. Te contesto el mismo día laborable con un precio cerrado y una fecha, sea para arreglarla o para rehacerla.