Te han llegado tres presupuestos para la misma web, el más caro cuesta varias veces lo que el más barato y ninguno explica la diferencia. No es que un estudio sea honrado y los otros dos te quieran sacar el dinero. Es que los tres presupuestan trabajos distintos y los llaman igual.
No puedes comparar precios hasta que los tres describan el mismo proyecto. Casi todo el trabajo está en las preguntas de abajo, y puedes mandárselas a los tres esta misma noche.
¿Por qué hay tanta diferencia entre las cifras?
Casi siempre por un alcance que no se ve en el documento.
El presupuesto barato es una plantilla con tu logo, cinco páginas, tus textos pegados tal como los mandes y nadie que piense qué tiene que conseguir la web. El caro puede incluir diseño propio, funciones a medida, alguien que escribe los textos y un mes de trabajo después de publicar. Los dos documentos dicen «página web».
Hay además una razón más discreta. Algunos presupuestos dan por hecho que vas a aportar cosas que ni sabías que te tocaban. No es una mentira, simplemente no se ve, y suele salir a la luz a las seis semanas, cuando el proyecto se para porque nadie tiene las fotos.
Así que lo primero no es elegir. Es conseguir que los tres documentos describan lo mismo.
¿Qué entra exactamente, página por página?
Pide la lista de páginas. No «unas cinco páginas», sino una lista de verdad, con nombres.
Un presupuesto que dice «de 5 a 8 páginas» es un presupuesto que más adelante discutirá contigo si la página de servicios cuenta como una o como cuatro. Uno que enumera Inicio, Quiénes somos, Servicios, tres páginas de servicio, Contacto y el índice del blog es un presupuesto al que puedes pedir cuentas.
Luego pregunta qué hay en esas páginas que no sea solo texto. Un módulo de reservas, una calculadora de presupuesto, un listado con filtros, una zona de clientes, un formulario de pago, un catálogo que se actualiza solo. Cada una de esas cosas es un trabajo aparte, y en cada una un presupuesto barato puede haber dicho que no mientras parecía decir que sí.
¿Quién escribe los textos y quién consigue las fotos?
Es el motivo más habitual por el que un proyecto se queda meses a medias.
Casi todos los presupuestos dan por hecho que los textos y las imágenes los pones tú. Casi todos los dueños dan por hecho que se encarga el estudio, porque los diseñadores les enseñan maquetas llenas de textos que parecen terminados. Después se aprueba el diseño, el programador está listo y el proyecto se para once semanas mientras intentas escribir la página de «Quiénes somos» los domingos por la noche.
Pregúntalo sin rodeos y que la respuesta quede por escrito. Quién escribe los textos de las páginas. Quién busca o hace las fotos. Si las imágenes de banco van incluidas o se cobran aparte. Si la respuesta es «los pones tú», perfecto, pero ahora sabes que el plazo real incluye tus horas de escritura, que es la parte que nadie planifica. Es la razón principal por la que los proyectos tardan más que las semanas del presupuesto.
¿Cuántas rondas de cambios entran, y qué cuenta como una?
«Dos rondas de cambios» no significa nada hasta que sabes qué es una ronda.
Un estudio cuenta como ronda un paquete de comentarios entregado de una vez. Otro cuenta cada correo que mandas. Esa diferencia decide si tienes un proceso que funciona o una factura.
Pregunta qué pasa cuando se acaban las rondas incluidas y cuánto cobran por hora el trabajo extra. Un estudio con una respuesta clara ya ha pasado por esto. Uno que te dice «tranquilo, ya nos apañaremos» es un estudio con el que estarás negociando en marzo.
¿Qué pasa el día después de publicar?
El presupuesto acaba al publicar. Tu web, no.
Averigua qué entra en las semanas siguientes a la publicación, y durante cuánto tiempo. Errores, pequeños cambios de contenido, las cosas que solo ves cuando los clientes de verdad empiezan a usarla. Y luego qué pasa a largo plazo: hosting, actualizaciones de la plataforma y de los plugins, copias de seguridad, parches de seguridad y a quién llamas cuando la web se cae un sábado.
Si un presupuesto no dice nada de todo esto, te entregan la web como un objeto terminado y no como algo que tiene que seguir funcionando. Es una diferencia real entre dos cifras que por lo demás se parecen, y de ella está hecho lo que cuesta una web al año. El mantenimiento que ofrezco yo es mes a mes, lo cancelas cuando quieras y la web sigue siendo tuya.
¿De quién es el resultado?
Déjalo por escrito antes de firmar, no después de discutir.
A nombre de quién se registra el dominio. De quién es la cuenta de hosting. Si te dan los archivos fuente. Si tienes acceso de administrador o solo de editor. Si mañana te fueras, si otro profesional podría hacerse cargo de la web sin rehacerla.
Algunos estudios lo tienen todo en sus propias cuentas por defecto, sin mala intención, solo porque así les resulta más cómodo. Se convierte en tu problema el día que quieras irte. Tengo un artículo entero sobre de quién es tu web, y el resumen es que la propiedad es una cuestión de papeles que se resuelve al pedir presupuesto o no se resuelve nunca.
¿Precio cerrado o por horas?
Los dos son honrados. Fallan de forma distinta.
El precio cerrado pone el riesgo en el estudio, así que el alcance tiene que estar muy definido. Si el alcance es vago, o el estudio infla la cifra o te van llegando presupuestos adicionales. Por horas, el riesgo es tuyo: está bien si te fías de la estimación y recibes informes con regularidad, y sale caro si no.
Más que el modelo, importa el calendario de pagos. Señal, hitos y un pago final ligado a algo concreto. Cuidado con un presupuesto que pide el importe completo antes de empezar, y el mismo cuidado con uno que no pide ninguna señal, porque ese estudio no tiene nada en juego para terminar.
¿Qué suele faltar en el presupuesto más barato?
No siempre es trabajo mal hecho; a veces solo faltan partidas. El patrón se repite:
- Textos y fotografía, que se dan por tuyos.
- Cómo se ve en el móvil, tratado como algo automático. No lo es. Que una maqueta se adapte bien a un teléfono es una decisión de diseño que lleva tiempo.
- Velocidad. Una web rápida exige trabajo deliberado, y la diferencia se nota en el uso real. Si nadie menciona el rendimiento en el presupuesto, cuenta con una web lenta.
- Redirecciones y posiciones en Google, si ya tienes web. Rehacerla sin tener en cuenta las URL antiguas puede deshacer años de visibilidad en una tarde.
- Analítica, prueba de formularios y una comprobación en vivo de que las consultas llegan de verdad.
- Código accesible, que es oficio normal y no un extra, pero solo si alguien lo tiene en cuenta desde el principio.
Nada de esto es exótico. Es la diferencia entre una web que parece terminada y una que funciona.
Las preguntas para mandar esta noche
Copia esto en un solo correo y mándaselo a los tres estudios. Las respuestas te dirán más que los presupuestos.
- ¿Me pasas la lista exacta de páginas?
- ¿Quién escribe los textos y quién pone las fotos?
- ¿Qué cuenta como una ronda de cambios, y cuánto se cobra lo que va después?
- ¿Qué incluye el primer mes después de publicar?
- ¿De quién son el dominio, el hosting y los archivos fuente?
- ¿Cuál es el calendario de pagos?
- ¿Qué pasa con las URL y las posiciones que ya tengo?
El estudio que contesta a las siete con claridad, en un día, te está enseñando cómo irá el proyecto. Esa es la señal de verdad en una propuesta, más que la cifra del final.
Mis precios están publicados en la página de precios. Lo que mueve la cifra es lo mismo que acabas de leer: cuántas páginas, quién escribe los textos, si hay tienda o reservas y cuántos idiomas. Cómo planteo una web lo cuento en la página de webs.
Si tienes presupuestos delante y quieres uno más para comparar, escríbeme y el mismo día laborable tienes un precio cerrado y una fecha.
