La web de un negocio pequeño tarda entre cuatro y ocho semanas desde el arranque hasta la publicación. Una tienda Shopify o un proyecto B2B suele llevar de ocho a dieciséis.
En lo que casi todo el mundo se equivoca es en qué ocupa esas semanas. El diseño y el código son la mitad previsible. El calendario se alarga por la otra mitad: textos que nadie ha escrito, fotos que nadie ha hecho y una decisión en la que dos personas no se ponen de acuerdo.
¿Cuál es el plazo real según el tipo de proyecto?
Son los plazos con los que planifico, si las decisiones vuelven en pocos días:
- Landing page: de dos a tres semanas. Una página, una oferta, una ronda de revisión.
- Web pequeña de empresa, de cinco a ocho páginas: de cuatro a ocho semanas.
- Rediseño de una web que ya existe: parecido a una web nueva, más el tiempo para el trabajo de URL y redirecciones que mantiene tus posiciones en Google. Ese trabajo no es opcional, y lo explico en rediseñar sin perder posiciones.
- Tienda Shopify: de ocho a doce semanas para un catálogo normal. Más si hay que traer los productos de otra plataforma.
- Portal B2B con precios por cliente o pedidos con presupuesto: de doce a dieciséis semanas o más, porque las reglas de los precios tienen que quedar cerradas antes de poder construir nada. Lo cuento en recibir pedidos mayoristas por internet.
Si un estudio te promete una web completa en dos semanas, pregunta qué se salta. Casi siempre es una plantilla con tu logo, y lo que suele faltar en ese tipo de presupuesto lo repaso en cómo comparar presupuestos de diseño web.
¿Por qué se alarga el calendario si el trabajo no crece?
Porque un proyecto web no es un bloque de trabajo continuo. Son ratos cortos de trabajo separados por esperas.
El diseño de la página de inicio puede ser dos días de trabajo. Luego se queda seis días parado hasta que encuentras un rato para mirarlo con calma. Eso es un ciclo de revisión: dos días de trabajo, ocho de calendario. Repite cuatro en un proyecto y has sumado un mes sin que nadie haya sido lento ni poco razonable.
Es lo más útil que puedes entender antes de comprometerte con una fecha de lanzamiento. Lo que tardas en responder pesa más en el calendario que el tamaño del equipo que hace la web.
¿Qué frena casi todos los proyectos?
Los contenidos. En concreto, los textos de tus páginas y las fotos de tu trabajo.
Nadie espera que sea la parte difícil, y lo es casi siempre. El diseño puede avanzar un tiempo con texto de relleno, pero la web no se puede publicar así. Entonces el proyecto llega al noventa por ciento y se queda semanas esperando la página de «Quiénes somos» y unas cuantas fotos que se puedan usar.
Hay dos cosas que lo arreglan:
Escribe mal y rápido. No intentes entregar textos pulidos. Mándame puntos sueltos, una nota de voz por WhatsApp, el correo que ya mandas a los clientes nuevos explicando lo que haces. Convertir material en bruto en buenos textos es rápido. Esperar a que te conviertas en escritor no lo es.
Reserva al fotógrafo la primera semana. No la quinta. La fotografía tiene sus propios plazos, y en un negocio de reformas o en un restaurante también puede depender del tiempo o de tener una obra terminada que fotografiar. Si vas a tirar de fotos de banco, decídelo también pronto, para que nadie deje una página abierta esperando algo que nunca iba a llegar.
¿Quién puede decir que sí?
Antes de empezar, elige a una sola persona que decida.
Los proyectos con dos responsables del mismo nivel van más o menos a la mitad de velocidad, y el retraso no es el desacuerdo en sí. Es que cada ronda de comentarios necesita que miren los dos, y sus agendas rara vez coinciden. Peor aún, comentarios contradictorios en el mismo correo hacen que la siguiente versión tenga que contentar a dos encargos distintos.
Primero se discute dentro. Luego me llega una sola respuesta.
¿Por qué una tienda online tarda más?
Los productos son datos, y los datos son trabajo.
Cada artículo necesita un título, una descripción, un precio, fotos, peso y medidas para el envío, y variantes si viene en tallas o colores. Cincuenta productos ya son un proyecto en sí mismos, aparte de diseñar la tienda. Si tu catálogo está en una hoja de cálculo o en tu programa de facturación, lo puedo importar, pero antes hay que limpiarlo, y esa limpieza saca a la luz de golpe todos los huecos de los datos.
Luego están las cosas que hay que decidir, no construir: reglas de envío por zona y peso, la configuración del IVA, la política de devoluciones, si los clientes mayoristas ven otros precios, qué pasa cuando algo se agota. Ninguna lleva mucho tiempo por separado. Todas tardan más de lo que esperas en tener respuesta. Qué supone ese alcance en la práctica lo ves en la página de precios.
Las altas en la pasarela de pago y en la empresa de envíos también van por fuera del proyecto. Pídelas pronto.
¿Qué puede retrasar el lanzamiento sin que nadie lo controle?
Hay unas cuantas cosas que van con relojes ajenos:
- Dominio y DNS. Si el dominio tiene que pasar de un registrador a otro, o hay que cambiar el titular, los registradores imponen bloqueos de transferencia que pueden durar semanas. Empieza esto al principio del proyecto, no la semana del lanzamiento.
- Correo. Mover un buzón o cambiar los registros del correo es un pequeño proyecto aparte, y conviene hacerlo un día distinto al del lanzamiento de la web.
- Herramientas de terceros. Los sistemas de reservas, las pasarelas de pago y el TPV virtual del banco tienen sus propios plazos de aprobación.
Todo esto depende de tener acceso a cuentas que quizá no están a tu nombre. Vale la pena comprobarlo ahora y no la semana del lanzamiento, y las seis cuentas que hay que mirar están en de quién es de verdad tu web.
¿Se puede ir más rápido?
Sí, de tres maneras que funcionan y una que no.
Recorta el alcance, no la calidad. Publica seis páginas en lugar de catorce. Las otras ocho se pueden añadir después sin rehacer nada, siempre que la estructura estuviera pensada para ellas.
Hazlo por fases. Una buena landing page puede estar en línea mientras se hace la web completa. Si vas a poner anuncios o a abrir un local nuevo, suele ser lo más sensato.
Ten los contenidos listos antes de empezar. Un proyecto que arranca con los textos y las fotos en la mano va casi a la velocidad del propio desarrollo.
Lo que no funciona es meter más gente. Una web no es una tarea que se reparta limpiamente entre más manos, y un equipo más grande significa más coordinación, no un calendario más corto.
Cómo es un calendario normal de seis semanas
- Semana 1: alcance, mapa del sitio, plan de contenidos página por página, accesos reunidos y el trabajo del dominio ya empezado.
- Semana 2: diseño de la página de inicio y de una plantilla interior. Primera revisión.
- Semanas 3 y 4: desarrollo, el resto de páginas y los contenidos reales a medida que llegan.
- Semana 5: ronda completa de revisión, cambios, y formularios y analítica probados de principio a fin.
- Semana 6: repaso de velocidad, redirecciones si es un rediseño, comprobaciones finales y publicación.
Después la web sigue cambiando, y para eso está el mantenimiento. El día del lanzamiento es un hito, no un final.
Qué tener listo antes de pedir una fecha de inicio
- Una sola persona que decide, con nombre y apellidos.
- Una lista aproximada de las páginas que crees que necesitas.
- Los textos que ya existan, en el estado que sea.
- Fotos, o una fecha reservada para hacerlas.
- Los accesos a tu dominio, tu hosting y tu analítica.
- Una fecha límite de verdad si la tienes, y el motivo. Una feria o el inicio de la temporada de verano me dicen qué recortar.
Con esas seis cosas, un proyecto de seis semanas dura seis semanas.
El mantenimiento es un plan mensual, y los precios están en la página de precios. Cómo planteo una web lo cuento en la página de webs.
Si ya tienes una fecha en mente, escríbeme y el mismo día laborable tienes un precio cerrado y una fecha de publicación.
