La velocidad es el único problema de una web del que nadie se queja. Nadie te escribe para decirte que la página tardó seis segundos en cargar. Simplemente se van, y nunca sabes que estuvieron ahí.
Esto es una explicación sin tecnicismos de lo que hace que una web vaya lenta, de cómo comprobar la tuya en unos dos minutos y de qué arreglos merece la pena pagar.
Por qué importa más de lo que parece
Cuando una web va lenta pasan dos cosas distintas.
La gente se va. Sobre todo en el móvil, con los datos y no con la fibra de la oficina. En tu analítica, quien se va antes de que la página aparezca no se distingue de quien nunca llegó a entrar.
Google se da cuenta. La experiencia en la página, incluida la velocidad de carga, forma parte de cómo Google valora las páginas. No va a salvar un contenido malo: una página rápida que no dice nada sigue sin aparecer en ninguna búsqueda. Pero entre dos páginas parecidas, la velocidad desempata de verdad, y Google la mide con datos de usuarios reales de Chrome, no con una prueba de laboratorio.
Las tres medidas que importan
Google las agrupa bajo el nombre de Core Web Vitals. Sin jerga:
LCP, Largest Contentful Paint. Cuánto tarda en aparecer lo principal de la página, normalmente la imagen de cabecera o el titular. Lo ideal es menos de 2,5 segundos. Es la que más webs suspenden, y el culpable suele ser una imagen enorme.
CLS, Cumulative Layout Shift. Cuánto salta la página mientras carga. Te ha pasado: vas a pulsar un botón, se carga una imagen o un anuncio encima y acabas pulsando otra cosa. Lo provocan las imágenes sin espacio reservado, las fuentes que llegan tarde y los banners que se cuelan a última hora.
INP, Interaction to Next Paint. Lo rápido que responde la página cuando alguien toca o hace clic. Una página puede parecer cargada y no responder, porque el navegador está ocupado ejecutando scripts.
Cómo comprobar la tuya en dos minutos
Pasa tu página de inicio por PageSpeed Insights, la herramienta gratuita de Google. Y luego, que es la parte que casi todo el mundo se salta, haz dos cosas:
- Mira la nota del móvil, no la del ordenador. La del ordenador te favorece y no importa: tus clientes entran desde el móvil.
- Mira los datos de campo, si aparecen. Esa sección refleja visitas reales del último mes. La nota de laboratorio que sale debajo es una simulación. Cuando no coinciden, fíate de los datos de campo.
Después prueba una página que importe, no solo la de inicio. Las fichas de producto y las páginas de servicios suelen pesar más, y es ahí donde está el dinero.
Las causas habituales, más o menos por orden
Las imágenes. Con diferencia, la más común. Una foto sacada directamente del móvil puede pesar varios megas, y muchas veces el navegador la descarga entera para luego encogerla. Imágenes del tamaño correcto y en formatos modernos arreglan más webs lentas que cualquier otro cambio.
Demasiados scripts de terceros. Chats, botones de WhatsApp que van con plugin, analítica, píxeles, mapas de calor, widgets de reseñas, banners de cookies. Cada uno pesa poco. Juntos pueden pesar más que toda tu web, y cada uno es una petición a un servidor que no controlas. En España, además, la analítica y los píxeles no deberían cargarse hasta que el visitante acepte las cookies, como explica la guía de la AEPD, así que bien montados ni siquiera pesan en la primera carga.
Plugins y plantillas sobrecargados. Es habitual en WordPress y en tiendas Shopify con una plantilla comprada y una docena de apps. Cargas el código de todas las funciones de la plantilla, incluidas todas las que no usas.
Fuentes mal cargadas. Usar fuentes propias está bien. Cargar cinco grosores de tres familias y no dejar que el texto aparezca hasta que lleguen, no.
Sin caché o con un hosting flojo. Un alojamiento compartido barato, cuando va cargado, deshace el buen trabajo de todo lo demás. Eso sí, antes de cambiar de hosting comprueba que lo lento es el servidor y no lo que la web hace en cada visita.
Qué merece la pena pagar
Barato y con mucho retorno: comprimir las imágenes y dejarlas al tamaño correcto, quitar scripts que no usa nadie, reservar espacio a las imágenes para que la página no salte y recortar fuentes. En la mayoría de las webs es un día de trabajo y la mejora que más se nota.
Vale la pena si el resto de la web está bien: una buena caché, ordenar cómo se cargan los scripts y cambiar plugins pesados por otros más ligeros.
Solo si la web está terminada de verdad: afinar al milímetro una web que ya es rápida. Cuando ya estás en buena forma, cada mejora rinde menos que la anterior.
No vale la pena: rehacer la web solo por velocidad cuando tiene otros problemas. Si la estructura y el contenido también fallan, pagas dos veces.
La advertencia sincera
La velocidad es necesaria, pero no suficiente. Una web rápida que no tiene nada que decir no le sirve a nadie, y ninguna optimización compensa una página que no responde a la pregunta con la que llegó la visita. Arregla la velocidad porque quita un motivo para irse, no porque sea una estrategia de crecimiento.
Dicho esto, es uno de los pocos problemas en los que puedes medir el antes y el después, y por eso es un buen sitio por donde empezar cuando no sabes qué falla.
Cada web que hago tiene que cargar en menos de dos segundos en el móvil. Si la tuya va lenta y quieres arreglarla o empezar de cero, escríbeme y te digo el precio cerrado y la fecha el mismo día laborable.
