Menos de las que crees, y más concretas de lo que crees. Casi todas las webs de negocios pequeños necesitan entre ocho y quince imágenes reales, y los proyectos no se atascan porque el dueño no pueda conseguir quince fotos. Se atascan porque nadie le dijo nunca cuáles.
Así que aquí va la lista. Casi todo lo puedes hacer esta semana, sin contratar a nadie.
¿Por qué se atascan tantos proyectos por esto?
Porque primero se aprueba el diseño, y el diseño está lleno de fotos que parecen definitivas y no son tuyas.
Una maqueta se monta con imágenes de relleno para que puedas valorar la composición. La apruebas. El programador la monta. Y entonces el proyecto se para, a veces durante meses, porque las fotos reales no existen y nadie reservó el día que hace falta para hacerlas. Es el motivo más habitual por el que una web tarda más que las semanas del presupuesto.
Además, en los papeles no suele verse. Casi todos los presupuestos dan por hecho que las imágenes las pones tú, lo cual es razonable y un acuerdo perfectamente justo, pero solo si lo sabías. Es una de las preguntas que conviene hacer antes de firmar nada, junto con todo lo demás que un presupuesto se calla.
¿Qué fotos necesita de verdad la web de un negocio pequeño?
Ve por orden. Las cuatro primeras son las que más importan.
Una buena imagen principal. Lo primero que se ve en la portada. Tiene que enseñar lo que haces de verdad, en tu local de verdad, con tus herramientas de verdad. Nada de apretones de manos. Nada de un portátil sobre una mesa impecable.
Tu equipo, o tú. Una foto decente de la persona con la que va a tratar el cliente. Un solo retrato sincero funciona mejor que una web anónima, porque la gente contrata a una persona y lo sabe.
El trabajo en sí. De tres a seis imágenes de trabajos terminados: platos servidos, habitaciones reformadas, aparatos de aire acondicionado instalados, lo que sea en tu caso el resultado. Pesan más que cualquier cosa que escribas sobre calidad.
El sitio. La fachada, para que la gente la reconozca al llegar. El interior, para que sepan dónde van a entrar. Si los clientes van a tu local, estas dos fotos les quitan dudas reales.
El proceso, si el proceso vende. A los oficios y a los fabricantes les sirve más que a nadie. Una foto a mitad de trabajo demuestra que sabes hacerlo de una forma que una foto del resultado no puede.
Todo lo que una página de servicio nombre en concreto. Si tienes una página sobre reformas de cocinas, necesita una cocina. Una página de servicio ilustrada con una imagen genérica parece escrita por alguien que no ha hecho ese trabajo.
Y ya está. Con diez a quince fotos cubres una web normal de cinco a ocho páginas. No necesitas una biblioteca.
¿Qué tienen de malo las fotos de banco de imágenes?
Dos cosas, y solo una es estética.
La evidente: tu visitante ya ha visto esa imagen, y te hace intercambiable con cualquier otro negocio que compró la misma licencia. Alguien que compara tres empresas de su zona busca un motivo para creerse una de ellas. Una foto genérica no es ese motivo.
La menos evidente: la foto de banco te quita información sin que te des cuenta. Una foto real de tu tienda le dice a alguien cómo está el aparcamiento, de qué tamaño es el local, si suele haber gente, si es el tipo de sitio en el que se va a sentir a gusto. Una imagen preparada no le dice nada. Estás gastando el espacio más valioso de la pantalla en una foto que no responde a ninguna pregunta.
Las fotos de banco sirven de textura. Un fondo, algo abstracto, la ilustración de una idea que no se puede fotografiar. No sirven como prueba.
¿Puedes hacerlas con el móvil?
Muchas veces, sí. Los móviles de ahora hacen fotos más que suficientes para una web, y una foto real hecha con el móvil gana siempre a una foto de banco muy pulida.
Lo que falla rara vez es la cámara. Casi siempre es la luz. Cuatro cosas lo arreglan casi todo:
- Haz las fotos junto a una ventana, de día y con las luces del techo apagadas. La luz mezclada es lo que hace que un interior se vea turbio y amarillento.
- Limpia el encuadre antes. Quita la papelera, los cables, la caja de cartón, la taza. Ordenar lleva dos minutos y hace más que cualquier edición.
- Acércate más de lo que te parece natural. Casi todas las fotos de aficionado son de una habitación. Tú quieres fotos de una cosa.
- Hazlas en horizontal para la web y saca una versión vertical del mismo encuadre para redes. Vas a querer las dos y no te va a apetecer repetirlas.
Contrata a un fotógrafo cuando lo que vendes entra por los ojos y hay mucho en juego: comida, interiorismo, pisos y apartamentos turísticos, cualquier cosa en la que la foto sea el producto. Un restaurante con fotos flojas de sus platos está perdiendo reservas, y ningún diseño lo arregla.
¿Qué tamaño deberían tener los archivos?
Manda los originales. No les cambies el tamaño, no hagas capturas de pantalla y no los mandes por WhatsApp, que comprime las fotos y pierden calidad. Si no hay otra forma, mándalos como documento. Quien monte la web necesita el archivo a tamaño completo para sacar de él los tamaños correctos.
Después deja que la web se encargue del peso, porque aquí es donde chocan las fotos y la velocidad. Una imagen principal sin optimizar es el motivo más habitual de que una portada se note lenta, y los umbrales de Core Web Vitals de Google consideran un problema un Largest Contentful Paint (LCP) de más de 2,5 segundos. Ese elemento más grande suele ser la foto principal. El arreglo es trabajo del programador, no tuyo: dimensiones correctas, formatos modernos y tamaños pensados para el móvil. Pero solo pasa si alguien está pendiente, y por eso una web lenta suele ser un problema de imágenes y no de hosting.
Hay una cosa que sí te toca: ponles nombre a los archivos. fachada-tienda.jpg sirve más que IMG_4471.jpg, a ti y a los buscadores.
¿Y las fotos de gente que ya no trabaja contigo?
Piénsalo antes de encargar una sesión con todo el equipo.
Las fotos de la plantilla caducan antes que cualquier otra cosa de la web, y una página con tres personas que se fueron en marzo le quita credibilidad a todo lo que hay alrededor. Si en tu negocio la rotación es normal, prioriza fotos del trabajo y del local sobre retratos posados de cada persona, y ten una foto actual de quien dirige el negocio.
Pide permiso por escrito a las personas que se reconozcan en las fotos, tanto a la plantilla como a los clientes. Para el RGPD, la imagen de una persona reconocible es un dato personal. Es un mensaje corto, y te ahorra una conversación muy incómoda más adelante.
La lista para quien tenga la cámara
Cópiala, cambia los nombres por los tuyos y hazlo en una tarde:
- Fachada del local, desde el lado por el que llegan los clientes.
- Interior, plano general, de día y ordenado.
- Un retrato del dueño o de quien lleva el negocio.
- De cuatro a seis resultados terminados.
- Dos fotos a mitad de trabajo, si el proceso vende.
- Una imagen concreta por cada página de servicio.
- Una versión horizontal y otra vertical de las tres mejores.
Las mismas fotos deberían ir a tu Perfil de Empresa de Google, donde hacen un trabajo completamente distinto: forman parte de cómo apareces en las búsquedas locales, en Google y en Google Maps.
La fotografía no suele entrar en el precio de una web, y en las mías tampoco: las sesiones de fotos van aparte. Lo que sí mueve el precio es el número de páginas, quién escribe los textos y si hay tienda, y lo tienes todo en la página de precios.
Si estás pensando en rehacer la web y no sabes por dónde empezar con las fotos, escríbeme y el mismo día laborable tienes un precio cerrado y una fecha.
