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Una web en castellano, catalán e inglés: lo que hace falta de verdad

Una web en varios idiomas necesita una dirección por idioma, hreflang y todo traducido, no un plugin. Lo que hace falta para que te encuentren en catalán e inglés.

· 5 min de lectura

Una web en castellano, catalán e inglés: lo que hace falta de verdad

Casi todas las webs «en varios idiomas» son una web en castellano con un botón de traducir. Parece que los idiomas están resueltos. En la práctica, uno es una web de verdad y los demás son un disfraz.

Si vendes a clientes de Cataluña, si trabajas con turistas en Girona, Tarragona o la Costa del Sol, o si vendes a otros países, la diferencia se nota en la caja. Esto es lo que lleva de verdad una web en varios idiomas.

El problema del plugin

El atajo tentador es un plugin o un widget de traducción: una sola web, un selector de idioma y el texto que cambia al vuelo.

El problema no es la calidad de la traducción. Es que muchas veces la versión en catalán o en inglés no tiene una dirección propia. Si tuweb.com/servicios solo aparece en catalán después de que el visitante pulse un botón, para un buscador ahí hay una sola página, en castellano. Quien busca en catalán no tiene nada que encontrar.

Acabas siendo invisible en catalán mientras crees que lo tienes cubierto.

Lo que tiene una web multilingüe bien hecha

Una dirección para cada idioma. /es/servicios, /ca/serveis y /en/services, o un subdominio por idioma. Cada versión es una página real, que se puede indexar, enlazar y compartir.

El idioma bien marcado. Cada página declara en qué idioma está y dónde están sus equivalentes. Es la relación hreflang, y es lo que evita que las versiones compitan entre sí en el buscador. Cuando falta o está a medias, los buscadores suelen ignorar todo el montaje, y eso es peor que no hacerlo.

Una versión canónica por idioma. La página en catalán apunta a sí misma como versión definitiva en catalán, no a la de castellano. Si se hace al revés, le estás diciendo a Google, sin darte cuenta, que la página en catalán es un duplicado.

Todo traducido, no solo los textos de venta. Aquí es donde fallan casi todas. El titular está en catalán, y luego el menú, las etiquetas del formulario, los mensajes de error, el banner de cookies, el mensaje de confirmación y la página 404 siguen en castellano. A quien rellena el formulario en inglés y recibe el error en castellano le estás diciendo, con buenas maneras, que es un cliente de segunda.

Títulos y descripciones en cada idioma. Son lo que la gente ve en los resultados de búsqueda. Si no están traducidos, pierdes el clic antes de que la página llegue a cargarse.

La calidad de la traducción, sin rodeos

La traducción automática ya sirve para un primer borrador, pero todavía no para publicar sin revisar si quieres que te tomen en serio.

El riesgo no son frases sin sentido, sino errores sutiles: un catalán lleno de calcos del castellano, una carta de restaurante traducida al inglés palabra por palabra, un registro demasiado formal donde el cliente espera que le tutees, o términos que nadie usa en tu sector. Se lee como algo ajeno, de una manera difícil de señalar y fácil de notar.

El término medio en el que acaban casi todos los negocios: borrador automático, revisión de alguien que trabaja en ese mercado, y las páginas que más venden escritas directamente en cada idioma en lugar de traducidas.

Lo que cuesta

Cuenta con que cada idioma encarezca bastante el proyecto, aunque sin llegar a duplicarlo. La estructura se monta una vez y sirve para todos los idiomas. Lo que pagas es la traducción, la revisión, el diseño de más cuando un texto ocupa más que otro (un botón que cabe en inglés puede no caber en castellano) y más pruebas. Lo que cuesta cada idioma extra conmigo está en la página de precios.

Donde el coste se dispara es al añadirlo después. Meter un segundo idioma en una web que no se pensó para eso muchas veces es casi como rehacerla. Si hay alguna posibilidad de que más adelante necesites el catalán o el inglés, dilo al principio, aunque todavía no vayas a traducir nada. Montar la estructura ahora y llenarla después sale muchísimo más barato que hacerlo al revés.

¿Lo necesitas de verdad?

No todo el mundo lo necesita, y vale más decirlo claro que venderlo.

Caso claro: vendes a consumidores en Cataluña, buena parte de tus clientes habla catalán, trabajas con turistas o con residentes extranjeros, o vendes a otros países. También vale la pena si tu competencia solo está en castellano y quieres un público que ellos están ignorando.

Caso flojo: tienes un negocio de servicios local y tus clientes nunca te lo han pedido. Una sección en otro idioma a medio mantener es peor que no tenerla, porque se queda anticuada y transmite dejadez.

Una cosa a tener en cuenta: este artículo va de hacer una web y de conseguir que la encuentren, no de obligaciones legales. En Cataluña, el Codi de consum (Llei 22/2010, artículo 128-1) pide que la información comercial dirigida a los consumidores, como las ofertas, la información fija, los documentos contractuales, los presupuestos y las facturas, esté disponible en catalán. No obliga a tener toda la web en catalán y solo afecta a quien vende a consumidores en Cataluña. Si crees que te afecta, pregúntaselo a tu gestor o a un abogado, no a un estudio web.

La prueba

Abre tu web, cámbiala al catalán o al inglés e intenta hacer lo que haría un cliente. Rellena el formulario de contacto. Provoca un error dejando un campo vacío. Llega a la página de confirmación.

Si en algún punto del recorrido vuelve a salir el castellano, tienes una web en castellano con una mano de pintura, y tus clientes que hablan catalán o inglés se dieron cuenta antes que tú.

Monto las webs en varios idiomas desde la estructura: en proyectos hay una web en tres idiomas para una empresa de soldadura y una tienda Shopify en seis idiomas. Si quieres la tuya en castellano, catalán o inglés, escríbeme y te digo el precio cerrado y la fecha el mismo día laborable.